jueves, 14 de junio de 2007

EL COLMO, PERO ERA DE ESPERAR

Lo que ha llegado a mis ojos es algo que merece una reflexión. En el periódico El País he encontrado esta noticia:

"El Vaticano acusa de abortista a Amnistía Internacional y pide a los católicos que no la financien"


De todas las sandeces, idioteces, burradas y salvajadas que he oído decir a los moraditos obispillos y cardenales, esta es la que sobrepasa en el ranking a las anteriores. Según el encargado de la moral, y no se que más cosas, del Vaticano, "los esfuerzos de AI por justificar el aborto en caso de violación o peligro para la vida o la salud de la madre son moralmente indefendibles". Creo que lo moralmente indefendible es la violación, o morir pudiendo evitarse, pero ¿quién soy yo para saber de moral, verdad? Seguramente no sé nada de moralina comparado con los grandes doctores de la iglesia, que prefieren que medio mundo subdesarrollado sucumba al Sida antes que decirle a sus fieles africanos que se pongan un condón. Seguramente estos doctos moralistas saben mucho cuando hablan de que la homosexualidad es una aberración, un pecado y algo tan asqueroso que no merece ni siquiera ser nombrado.
Hace poco estuve en la comunión de un primo mío. El cura, en su santa inocencia, preguntó en el sermón: ¿Por qué las iglesias se quedan vacías de jóvenes? Juro por lo que no está escrito que tuve unas terribles ganas de levantar la mano y responder. Son este tipo de cosas las que hacen que el anticlericalismo se abra paso a zancadas en terreno abonado.
¿Por qué cuando pensamos en la curia obispal solo nos viene a la cabeza derechones insensibles pedrastas gordos enriquecidos hipócritas y demás insultos que se quedan cortos ante los problemas que suscitan los moradillos?
Lo de la crítica y el boicot a Amnistía Internacional es la guinda que faltaba en el pastel amargo que la Iglesia católica está distribuyendo entre sus cada vez menos fieles.
Incluyo por último la respuesta que aparece en la página web de AI en españa, y una pequeña "perla" de un diario de internet.

1 comentario:

J.A. Gascón dijo...

Ya nos veníamos temiendo desde hacía mucho que esto iba a pasar, pero Amnistía Internacional, dentro de su campaña contra la discriminación hacia las mujeres, cree indispensable que se garantice su derecho a decidir qué hacer con su propio cuerpo, especialmente en casos como la violación o en los que haya peligro para la salud de la mujer. Críticas igual de duras se vertieron contra la organización cuando decidió posicionarse contra la pena de muerte, y no por eso se ha dejado de luchar imparcialmente por los derechos humanos.
Lo más increíble de todo es el farol que se ha tirado el Vaticano con que las organizaciones católicas ya no financiarán a Amnistía. Toma ya. ¿Pero cuándo la han financiado? Hasta ahora todos los ingresos han venido de socios individuales, entre los que se encuentran católicos, es cierto, pero nunca ha recibido funanciación del Vaticano u organizaciones católicas. Así que menos humos.

En cualquier caso, el asunto que comentas sobre la crisis de las iglesias merece un comentario aparte. Más de una vez me he preguntado por esa ausencia de jóvenes en las iglesias, y sobre todo me ha sorprendido mucho descubrir hace relativamente poco que sólo un porcentaje ínfimo de la población es verdaderamente atea. La inmensa mayoría cree en algo, aunque no se identifique exactamente con ese Dios del que hablan los curas y predicadores varios.
¿Por qué están vacías las iglesias entonces? Creo que hay una anécdota que puede ilustrar muy bien el motivo. No hace mucho el papa estuvo en Brasil, un país que, por cierto, tiene muchísimos problemas internos de delincuencia, pobreza y tráfico de drogas. Para quien no esté al tanto, que eche un vistazo al gran problema de las favelas en ciudades como Río de Janeiro (sí, señores, Río no es sólo playa, también es sinónimo de indigencia y muerte):

http://es.wikipedia.org/wiki/Favela

Bueno, ¿pues sobre qué creéis que habló nuestro querido papa allí? Sobre la castidad de los jóvenes, tema sin duda muy preocupante para todos. Éste es, según Benedicto XVI, el principal consejo que puede dar a Brasil.
Si a eso le unimos el completo abandono (por no decir repudio) que sufre la Teología de la Liberación en América Latina (para quien no lo sepa, muchos sudamericanos son fieles católicos precisamente gracias a esta doctrina, lo sé porque he oído testimonios personalmente), podemos comprobar lo lejos que está la Iglesia de la sociedad. En mi opinión, se encuentra mucho más cerca de los altos estamentos del feudalismo del siglo XIV que de la gente de a pie de la actualidad.
De hecho, me estoy acordando ahora de aquellos partidos a los que recomendó votar el arzobispo de Pamplona, ex secretario general de la Conferencia Episcopal, en las pasadas elecciones: nada menos que Falange Española de las JONS, Alternativa Española y Comunión Tradicionalista Católica (todos ellos de extrema derecha, como se puede intuir).

Así que, en resumen, sigo pensando que la Iglesia sigue estancada en otro siglo. Y todavía se queja de que pierde fieles. Nos ha jodido.
Y los que le quedan por perder.